lunes, 16 de noviembre de 2009

Rafael GómezBarros - Viaje al fondo de la tierra.


Acercarnos a la obra de Rafael Gómez, es emprender una aventura, comparable tal vez al fantástico relato de Julio Verne “Viaje al centro de la Tierra”, por que la tierra, el suelo natural, en momentos donde el espacio ha sido escudriñado hasta confines inimaginables todavía nos oculta grandes secretos, enigmas que se nos develan poco a poco.

La relación del artista con la tierra, ya la veíamos presente en obras de la serie “hasta la tierra es mestiza” y “urnas”, donde el artista establece diferentes conexiones con este elemento. Conceptual y estéticamente, para Gómez la tierra es un recurso valioso, referencia lo precolombino, ese pasado de siglos y siglos sepultado en nuestras entrañas, lleno de una riqueza estética, que se basa en nuestros propios cánones étnicos, en nuestras culturas y tradiciones aborígenes.

Los dibujos y esculturas de esta serie titulada “Sonajeros”, se ubican en este mismo orden de ideas, dibujos en sanguina de formas orgánicas a maneras de cráneos, que han sufrido golpes o mutilaciones y que se unen como producto de una simbiosis entre formas compuestas de trazos y líneas. Los dibujos son el resultado de un proceso constructivo, pero que también se puede entender como de-construcciones de las mismas formas.

Esta simbiosis la podemos apreciar mejor en las piezas escultóricas donde las formas han logrado un acoplamiento perfecto, producto tal vez de “el tiempo” que el artista sabiamente les imprime a través de un excelente oficio en la aplicación del color y las texturas, ocres y marrones entremezclados con texturas vegetales y minerales, son elementos testimoniales del tiempo y el olvido. Formas antropomorfas de cráneos, algunos deformes como resultados de mutaciones incontrolables, flotan dentro de un espacio, una levedad que no parece sentir el peso de la muerte, que pierden la connotación de restos humanos para convertirse en objetos estéticos, donde la belleza se impone y deja de lado el horror.

Sonajeros son sepulturas profanadas por el artista que nos confronta a la perpetuidad de la muerte y su presencia perenne, nos enfrenta al sino trágico con el que hoy convivimos tácitamente en nuestro país sin perturbarnos en lo más mínimo.

En Colombia la muerte-ficción como la obra de Gómez, es más fuerte y chocante, nos perturba más que la verdadera y atroz muerte-real que diariamente nos exponen los medios de comunicación y para la cual parecemos estar ya inmunes. Gómez nos confronta hasta la saciedad con la realidad y su momento, en otra serie más reciente toma Paracos (panales de avispas), como elemento de construcción de sus esculturas, manejando la dualidad de conceptos frente a estos objetos que aluden al riesgo de enfrentarnos a ellos por las dolorosas picaduras de las avispas y la connotación popular que da la gente del caribe a los grupos paramilitares cuyos integrantes se conocen como los paracos, con las mismas connotaciones de miedo y peligro que estos personajes producen.

Los sonajeros nos advierten siempre esa rigidez flexible, una contradicción entre una construcción rígida, sacralizada por una tradición de respeto a la muerte y objetos profanos concebidos para el juego, llenos de sonido y movimiento, sonidos que son un llamado de la tierra que nos recuerda que en este viaje estamos predestinados a un encuentro final con ella.


JAVIER MEJIA
Curador
Santa marta, febrero de 2003

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